El perro, un orgulloso descendiente del lobo, es por lo tanto un carnívoro. En consecuencia, la mitad de su dieta debe consistir en carne.
Los alimentos comerciales suelen estar muy bien adaptados a las diferentes razas y no es aconsejable preparar la comida de su perro usted mismo.

No recomendamos ceder a la tendencia del BARF a menos que tengas mucho tiempo para preparar la comida de tu mascota.

De hecho, encontrar la dosis correcta de carne, fibra, verduras… es el trabajo de un profesional del mundo canino. Una mala distribución corre el riesgo de provocar deficiencias o excesos de ciertos nutrientes, facilitando la aparición de enfermedades, problemas de desarrollo u obesidad.

Además, parte de la comida de nuestros platos puede ser muy peligrosa para su mascota.
Huesos por ejemplo: Debe tener en cuenta que algunos de ellos son afilados o quebradizos (huesos de pollo por ejemplo), y pueden causar lesiones graves cuando se ingieren. Otros huesos, en cambio, son inofensivos (rótula de vacuno, huesos de la médula).
El chocolate contiene teobromina, una sustancia poco tolerada por los perros: en grandes dosis (2 gramos son suficientes para los perros más pequeños), puede ser mortal.

Le recomendamos encarecidamente que optes por pienso de primera calidad, que facilitará el crecimiento de tu cachorro y asegurará la salud general de tu perro, garantizándole una vida larga y en forma.

Existen muchas marcas de pienso de primera calidad.

¿Cuánta agua debe beber un perro cada día?

Un bol de agua fresca debe dejarse siempre al alcance del perro. Es interesante notar un aumento en su consumo de agua en períodos de alto calor climático. Los cachorros y las perras lactantes también necesitan refrescarse más de lo normal.

Te aconsejamos que siempre tengas una botella de agua disponible para tu perro.

Peso del perro 10 kg 20 kg 30 kg 40 kg 50 kg 60 kg 70 kg 80 kg
Consumo 0,6 L 1,2 L 1,8 L 2,4 L 3,0 L 3,6 L 4,2 L 4,8 L

Las 10 reglas a seguir para una buena nutrición de tu perro

Fue en 1985 que el profesor R. Wolter, de la Escuela Nacional Veterinaria de Maison Alfort, emitió sus «Diez Mandamientos» para la comida de perros. Estas diez reglas principales, son las que permitirán a cualquier propietario evitar los principales errores relativos al racionamiento práctico del alimento de su perro.

  1. El riego del perro debe ser suficiente. Se debe dejar a disposición del perro agua potable fresca y renovada, teniendo en cuenta que su consumo medio es de 60 ml por kilogramo de peso corporal al día, y que aumenta en los cachorros, en las perras lactantes, en los climas calurosos y en los períodos de trabajo.
  2. Respetar las transiciones alimenticias. Cualquier cambio en la dieta debe hacerse gradualmente en el transcurso de una semana para permitir que el perro se adapte a los planes gustativos, digestivos y metabólicos. Hay que dar tiempo a que su microflora intestinal (mucho más adaptada que la de los humanos a lo que come el perro) se reconstituya específicamente para digerir el nuevo alimento.
  3. Proporcionarle al perro comidas regulares. El perro sólo es feliz si recibe la misma comida a la misma hora, en el mismo lugar, en el mismo recipiente, todos los días. El número de comidas deberá adaptarse a la condición fisiológica del perro, que se pesará regularmente.
  4. Comprobar la cantidad de comida dispensada. Calculadas en función de las necesidades energéticas diarias del perro y del contenido calórico del alimento, las cantidades distribuidas cada día se pesarán regularmente para evitar cualquier deriva lenta hacia la obesidad. Se adaptarán a la evolución del peso del perro.
  5. Proporcionar al perro una dieta equilibrada. Ya sea familiar o industrial, el alimento debe contener todos los nutrientes que el perro necesita, proporcionados en cantidades satisfactorias y en proporciones ajustadas a su tamaño (perro pequeño, mediano o grande), su condición fisiológica (mantenimiento, reproducción, deporte), su edad (cachorro, adulto maduro, perro mayor), e incluso su estado fisiológico.
  6. Elegir la comida para perros adecuada. Escoger alimentar a su perro con tal o cual alimento no es una decisión insignificante, y es sobre todo el criterio del equilibrio nutricional el que debe prevalecer. Hay tres criterios fundamentales que influyen en la elección del alimento adecuado para un perro: su edad (cachorro, adulto, adulto maduro o envejecido), su nivel de actividad física o fisiológica (activo, atlético, reproductivo) y su tamaño (pequeño, mediano, grande).
  7. Usa el alimento racionalmente. Así, por ejemplo, cuando se utilizan piensos industriales, es esencial seguir las instrucciones del fabricante para su uso adecuado. En la comida familiar, ciertas expresiones deben ser prohibidas, ya que son nulas en el perro: «Lo alimento como yo mismo», «come lo que quiere», «sólo quiere eso». Por último, los restos de mesa, los dulces, los azúcares, los pasteles, el chocolate no formarán parte de la dieta del perro (es mejor utilizar pequeñas cortezas de queso, por ejemplo).
  8. La higiene del perro debe ser satisfactoria. Los alimentos industriales ofrecen las mejores garantías de seguridad higiénica y, si se utilizan correctamente, no presentan ningún riesgo de intoxicación alimentaria. Las latas abiertas, los alimentos frescos o descongelados deben mantenerse fríos, mientras que el pienso debe mantenerse en su bolsa cerrada y en un lugar seco. Si el perro no termina su comida, las sobras serán desechadas y el bol será limpiado diariamente.
  9. Revisa los resultados individuales. La eficacia del racionamiento y su adaptación deben ser vigilados sobre la base de elementos tan simples como la evolución de su peso, la calidad de su pelaje y sus excrementos, o su apetito y comportamiento en la vida cotidiana del perro.
  10. No dudes en llamar al veterinario. Debido a su formación, el veterinario es también el dietista del perro, ya sea en su vida diaria o cuando está enfermo. Por falta de apetito o bulimia duraderas, pérdida o aumento anormal de peso, diarrea o estreñimiento persistentes, trastornos físicos o de comportamiento preocupantes, y por cualquier cambio notable en la sed o el apetito que pueda ser signo de advertencia de una enfermedad general que justifique una investigación más a fondo.